
Durante las distintas crisis que padeció la vitivinicultura de San Juan en su derrotero histórico, una de las medias a la que apelaron las intervenciones estatales provinciales fue la promoción de las asociaciones horizontales de productores a través de cooperativas.
En 1964, con Leopoldo Bravo en su primer año de mandato como gobernador de la provincia creó mediante ley de la Legislatura N° 3.019 la Cooperativa CAVIC (Corporación Agrovitícola Industrial sobre las bases de la histórica Bodega del Estado fundada por los Cantoni en la década del ’30.
La flamante iniciativa tenía como objetivo intervenir en la compra y fijación de precios competitivos que beneficiarán especialmente a los pequeños productores.
La producción de vinos se centró en la Bodega del Estado que fue sometida a trabajos de ampliación que la transformaron en una gigante factoría vitivinícola con una capacidad superior a los 150 millones de litros de vinos
Quedó establecido que los viñateros accionistas debían aportar obligatoriamente el 5% de su venta anual para dotar de liquidez a la naciente cooperativa.
En sus primeros años de actividad la entidad funcionó de manera eficaz en cuanto al equilibrio del mercado, al comprar importantes volúmenes de uva a precios competitivos, con lo cual hizo que los bodegueros particulares pagaran valores más justos a los productores independientes.
Muchos sanjuaninos recuerdan con nostalgia aquellas vendimias de los ´60 en las que se formaban extensas filas de camiones que llegaban hasta la bodega para dejar cargamentos de uvas provenientes de distintos puntos de la provincia.
El impacto social de la CAVIC fue casi inmediato. Muchos pequeños productores comenzaron por primera vez a tener una buena rentabilidad por sus cosechas.
Pero no todas eran buenas para la gestión de Leopoldo Bravo, ya que del otro lado, el descontento se apoderó de los bodegueros exportadores porque veían en la CAVIC un competidor desleal con ventajas impositivas y de liquidez.
Mientras políticos, productores y bodegueros se debatían en improductivos cuestionamientos, entre 1966 y 1973 se sucedieron cinco interventores en la provincia, un militar porteño y cuatro civiles sanjuaninos.
En ese período el mercado nacional e internacional dio un giro notable en sus preferencia hacia vinos de alta calidad y varietales. La CAVIC continuó sujeta a la producción de volumen y no calidad, quedando incluso obsoleta tecnológicamente.
Tales cambios en los consumidores marcaron el comienzo del declive de CAVIC que se profundizó en los ´80 por desmanejos administrativos, endeudamientos y cambios en el modelo económico impuesto por la dictadura militar encabezada por el general Videla y su nefasto ministro Martínez de Hoz.
A fines de los 70 le empresa fue intervenida y el 1980 los viñateros decidieron en una votación continuar con la cooperativa pero sin participación estatal.
La empresa fue recibida saneada de deudas y un buen volumen de vinos, pero tampoco fue la solución.
Leopoldo Bravo regresó a la gobernación de la provincia en enero de 1983, designado por el presidente Reynaldo Bignone, pero nada pudo hacer para recuperar su creación vitivinícola. La suerte de CAVIC ya estaba echada.
En 1991 la CAVIC recibió finalmente el certificado de defunción
La desaparición de CAVIC representó un fuerte impacto en la sociedad sanjuanina, ya que la cooperativa había impuesto su marca en todo el país, además de constituir una importante fuente de empleo tanto directo como indirecto.













