
Las políticas de desgravaciones y ventajas impositivas para la relocalización de empresas son una constante en todo el mundo como una forma de promover el desarrollo económico en territorios menos favorecidos.
En el caso de Argentina en 1973, en el marco de planes reparación del tercer gobierno peronista recién asumido, la Nación y las provincias de Catamarca, La Rioja, San Juan y San Luis firmaron actas históricas que incluyeron, entre otros temas, la promoción industrial, un régimen que continuó, con algunos cambios, hasta diciembre de 2012.
Originalmente la ley estableció que las industrias que se radicaran en alguna de esas cuatro provincias estarían exentas del pago de ganancias, IVA y derechos de importación.
Grandes y reconocidas empresas de la Argentina productoras de diversas manufacturas se dirigieron al oeste del país para radicar nuevas plantas fabriles, hecho que fue recibido con beneplácito por los lugareños, especialmente aquellos que esperaban por una oportunidad laboral.
Por entonces la principal industrial local, la vitivinicultura, ya mostraba signos de agotamiento.
En nuestra provincia la radicación masiva de empresas impulsada por el régimen nacional de Promoción Industrial se inició formalmente en 1983, a partir de la sanción de la Ley Nacional 22.973 que extendió los beneficios fiscales a San Juan.
Tres años después se produjo el momento de mayor radicación de empresas y la consecuente demanda de mano de obra privada para producir una gran variedad de insumos, desde productos alimenticios a medicamentos, de prendas de vestir a repuestos de automotores.
Mientras en las cuatro provincias promocionadas se vivían buenos momentos, en las vecinas como Mendoza crecía el malestar porque se sentían perjudicadas por el desvío de inversiones a zonas del país con ventajas tributarias.
El mecanismo de Promoción Industrial se mantuvo durante toda la dictadura cívico-militar instaurada en 1976.
Durante el gobierno de Raúl Alfonsín se empezaron a generar algunos cambios como el fin de la autorregulación.
La Nación fue la que asumió la tarea de supervisar a las empresas beneficiadas con el no pago de impuestos. Algunas firmas entonces quebraron o se fueron, evidenciando que el régimen estaba viciado en forma extendida.
El segundo cambio fue la aplicación de cupos en las exenciones, de modo que no se podía evitar el tributo en el ciento por ciento a partir de una cierta cantidad de producción.
Las quejas y presiones políticas de Mendoza ante la Nación comenzaban a dar frutos.
Durante el menemismo, el aumento del IVA al 21 por ciento no hizo más que beneficiar a los empresarios que habían sobrevivido con el régimen de excepciones y provocaron un nuevo enojo en otras provincias.
En 2010, la presidenta Fernández de Kirchner prorrogó por dos años un régimen ya reducido por los cambios mencionados y quedó definitivamente sin efecto el 31 de diciembre de 2012.
Una vez cerrada, a la etapa de radicación de empresas le sucedió el auge de “las industrias con rueditas”. Terminadas las exenciones impositivas los responsables de algunas empresas armaron sus valijas, despidieron al personal y partieron para seguir trabajando en otras ciudades con mayores atractivos para hacer sus negocios.
También hubo de las otras, las menos, las peores, las llamadas “empresas fantasmas” que producían en los grandes conglomerados industriales del país pero que figuraban con domicilio en San Juan y ese detalle ya era suficiente para obtener la eximición o el diferimiento del pago de impuestos.
Acá permanecemos
Por el 2008 la Unión Industrial de San Juan registraba un total de 97 empresas operando en la provincia.
A pesar de perder las exenciones impositivas cuatro años después, 87 de las firmas que se habían asentado en San Juan sacaron hicieron buen uso de la promoción para expandir sus producciones, hacer nuevas inversiones, exportar productos y generar nuevos puestos de trabajo.
Cuando en 2005 comenzó la producción de la mina de oro en Veladero, a la que posteriormente se sumaron los yacimientos de Gualcamayo y Casposo, la provincia se convirtió en un polo de atracción para capitales extranjeros con la minería como principal traccionadora de la industria local.
A la explotación de oro se sumarán en los próximos años la producción de cobre en los yacimientos de Vicuña y Azules, los más avanzados, que fortalecerán el nuevo perfil industrial de San Juan basado en la minería.
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