
El sector de la construcción volvió a manifestar su preocupación por la profunda crisis que atraviesa la actividad y advirtió que, desde el inicio de la actual gestión nacional, se habrían perdido entre 100.000 y 130.000 puestos de trabajo, producto de la fuerte caída de la obra pública y la retracción de la inversión.
La advertencia fue realizada por representantes de la industria durante una reunión de la Comisión de Infraestructura, Vivienda y Transporte de la Cámara de Diputados, donde expusieron el impacto que atraviesa uno de los sectores con mayor capacidad de generación de empleo en el país.
Durante el encuentro, empresarios, cámaras del sector y dirigentes sindicales coincidieron en que la paralización de numerosos proyectos de infraestructura ha provocado una fuerte disminución de la actividad, afectando tanto a grandes empresas como a pequeñas y medianas constructoras de todo el país.
Uno de los principales reclamos estuvo centrado en la falta de diálogo institucional con el Gobierno nacional. Los referentes señalaron que no existen ámbitos de intercambio para discutir políticas públicas vinculadas a la infraestructura y reclamaron la apertura de canales de comunicación que permitan planificar inversiones y dar previsibilidad a la actividad.
Desde el sector sostienen que la obra pública no solo impulsa el desarrollo económico, sino que también mejora la competitividad, fortalece la integración territorial y genera empleo directo e indirecto en numerosas actividades vinculadas a la construcción.
Además, remarcaron que la continuidad de esta situación pone en riesgo la supervivencia de muchas empresas, especialmente las pequeñas y medianas, que dependen de la ejecución de obras de infraestructura para sostener su actividad y sus planteles laborales.
Los representantes del sector solicitaron que se impulsen mecanismos de financiamiento para reactivar proyectos estratégicos y se establezca una agenda de trabajo conjunta entre el Estado y la industria, con el objetivo de recuperar la inversión y preservar el empleo.
La construcción es considerada uno de los principales motores de la economía argentina debido a su efecto multiplicador sobre otras actividades productivas, por lo que el deterioro del sector genera preocupación tanto por su impacto en el empleo como por las consecuencias sobre el desarrollo de infraestructura en todo el país.













