
A 21 años del inicio de la producción de Veladero, recuperar la voz de quienes fueron protagonistas de sus primeros años permite reconstruir una parte de la historia que no aparece en los balances empresariales. Hernán Vera, primer gerente general del Proyecto de Veladero y uno de los hombres que estuvo vinculado a la operación durante su primera etapa, recuerda desde adentro aquellos años de construcción, puesta en marcha y consolidación de uno de los emprendimientos mineros más importantes de San Juan.
Hay experiencias que quedan unidas a nuestra historia y al lugar de donde venimos. Para mí, Veladero fue una de ellas.
Entre 2005 y 2007 fui el primer gerente general del proyecto de Barrick-Veladero y el primer sanjuanino en ocupar esa gerencia allí. Lo viví con orgullo y con una gran responsabilidad: trabajar en un proyecto de nivel mundial, en mi propia provincia y junto a nuestra gente.
En aquellos años, la minería a gran escala era una actividad nueva para muchos sanjuaninos. Había esperanza por el trabajo y las oportunidades, pero también dudas y temores por el agua, el ambiente y los cambios que podía traer a nuestras comunidades. Eran preocupaciones que merecían ser escuchadas y respondidas con claridad. Quienes somos de San Juan sabemos cuánto vale el agua y cuánto esfuerzo cuesta hacer crecer algo en nuestra tierra.
Veladero nos planteaba desafíos importantes. La altura y el clima exigían preparación, cuidado y respeto por la montaña. También teníamos que formar un equipo con trabajadores locales que llegaban con mucho entusiasmo, aunque muchos no tenían experiencia en minería.
Ese es uno de mis recuerdos más valiosos: nuestra gente aprendiendo y asumiendo nuevas responsabilidades. Como gerente operativo, me tocaba acompañar ese aprendizaje y ayudar a transformar las ganas en conocimientos y capacidad de trabajo. Detrás de cada trabajador había una familia y una esperanza de futuro.
Ser sanjuanino hacía que esa tarea tuviera un sentido especial. Compartía el deseo de que nuestra provincia aprovechara aquella oportunidad. Ver crecer a los trabajadores en sus tareas era una alegría y una muestra de lo que nuestra gente podía hacer.
Después de todos estos años, creo que San Juan tiene motivos para sentirse orgulloso. Supo incorporar nuevas tecnologías, aprender nuevos hábitos de trabajo, de cuidado ambiental y de seguridad, y adaptarse a nuevas formas de gestión y organización. La gran minería trajo desafíos que nuestra gente fue capaz de afrontar y superar. Ese aprendizaje es un logro que merece ser reconocido.
Hoy sigo creyendo que el orgullo por el desarrollo de San Juan debe ir acompañado del cuidado de nuestra tierra y del bienestar de sus comunidades. La confianza se construye escuchando, hablando con claridad y cumpliendo los compromisos.
Al mirar atrás, recuerdo años de mucho trabajo y aprendizaje. Haber compartido aquel comienzo con tantos sanjuaninos, en nuestra cordillera, ocupa un lugar muy especial en mi vida.
Al recordar aquellos años, quiero agradecer a la gente de San Juan, a los empleados y a mis colegas, por el esfuerzo, el entusiasmo y los desafíos compartidos. A las autoridades, por su compromiso; a Barrick, por la confianza; y a mis antecesores, por ayudar a abrir el camino.
Mi gratitud también para la Facultad de Ingeniería de la UNSJ y la Escuela Industrial, que forman parte de mi historia y mi formación.
Y, sobre todo, a mi familia, por el cariño, por comprender las ausencias y por acompañarme siempre. El orgullo de haber vivido esta experiencia en mi tierra lleva algo de cada uno de ustedes. De corazón, gracias.
Hernan Vera













