
Cuando Juan Jufré fundó San Juan de la Frontera en 1562, probablemente no imaginó que siglos después la riqueza escondida en la Cordillera de los Andes se convertiría en uno de los motores económicos más importantes de la provincia.
La historia de San Juan suele contarse a través de sus fundadores, sus iglesias, sus terremotos y sus grandes figuras políticas. Sin embargo, existe otra historia que corre paralela desde aquellos primeros tiempos: la búsqueda de minerales en las montañas que rodean el territorio sanjuanino.
Mucho antes de que existieran las grandes explotaciones modernas, los pueblos originarios que habitaron la región ya conocían y utilizaban recursos minerales presentes en la cordillera. Con la llegada de los españoles comenzaron las primeras exploraciones sistemáticas en busca de oro y plata, impulsadas por el interés de la Corona en las riquezas del Nuevo Mundo.
Durante los siglos coloniales surgieron los primeros registros de actividad minera organizada. Zonas como Hualilán, Huachi, Calingasta e Iglesia comenzaron a ser reconocidas por la presencia de metales preciosos. Aunque las dificultades geográficas y tecnológicas limitaban la explotación, la minería ya formaba parte de la vida económica de la joven provincia.
La actividad tomó un nuevo impulso durante el siglo XIX. Fue entonces cuando Domingo Faustino Sarmiento, siendo gobernador de San Juan, impulsó medidas para ordenar y regular el trabajo minero, creando registros y normas que permitieron formalizar una actividad que hasta ese momento funcionaba de manera dispersa. Aquellas decisiones sentaron las bases para el desarrollo posterior de uno de los sectores productivos más importantes de la provincia.
Las históricas Ruinas de Hilario, en Calingasta, son hoy uno de los testimonios más visibles de aquella etapa. Allí funcionó la primera instalación metalúrgica del país, un sitio que permite comprender cómo era el trabajo minero en tiempos donde la extracción dependía casi exclusivamente del esfuerzo humano y de tecnologías rudimentarias.
Más de 460 años después de la fundación de San Juan, la minería continúa escribiendo capítulos en la historia provincial. Desde las antiguas explotaciones de oro y plata hasta los actuales proyectos de cobre, la actividad ha acompañado la evolución de la provincia, transformándose junto con ella.
Hablar de la fundación de San Juan también es hablar de su cordillera. Porque mientras la ciudad crecía en el valle, entre iglesias, acequias y chacras, las montañas guardaban un recurso que terminaría marcando buena parte de la identidad productiva sanjuanina.
La historia de San Juan no sólo se escribió en las plazas y edificios del casco histórico. También se escribió entre las rocas de la cordillera, donde generaciones de sanjuaninos encontraron trabajo, oportunidades y una actividad que, desde los orígenes de la provincia, forma parte de su desarrollo.













