

Las exportaciones argentinas de vino registraron una fuerte caída durante agosto, afectadas principalmente por los reiterados cierres del Paso Internacional Cristo Redentor y por el desplome de los envíos de vino a granel. El retroceso se produjo en un contexto más amplio de pérdida de competitividad, menores precios de exportación y una reducción sostenida de la participación argentina en el mercado vitivinícola mundial.
Según el informe de comercialización del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), durante agosto se exportaron 121.908 hectolitros de vino, un 27,8% menos que en el mismo mes de 2025. En términos económicos, las ventas externas alcanzaron los 45,6 millones de dólares FOB, lo que representó una baja interanual del 23%.
El mayor impacto se registró en el vino a granel. Los despachos cayeron 75,1% en volumen y 75,8% en valor, al pasar de 44.847 hectolitros en agosto de 2025 a apenas 11.165 hectolitros este año.
En el segmento fraccionado, la caída fue más moderada: 10,8% en volumen y 17,9% en valor.
El cierre del Cristo Redentor complicó los envíos
La principal explicación para el retroceso de agosto estuvo vinculada a la logística. Durante buena parte del mes, el Paso Internacional Cristo Redentor permaneció cerrado en reiteradas oportunidades como consecuencia de los temporales de nieve registrados en la alta montaña.
El tránsito de camiones comenzó a normalizarse recién hacia el cierre de agosto, lo que generó demoras en distintas operaciones de comercio exterior.
El impacto fue especialmente fuerte sobre el vino a granel, debido a que una parte importante de estos embarques utiliza flexitanks o contenedores isotanque y depende de una circulación terrestre fluida hacia los puertos chilenos del Pacífico. El vino fraccionado, en cambio, cuenta con mayores posibilidades de reprogramación o de derivación hacia terminales del Atlántico.
Mendoza, que concentra cerca del 95% del volumen nacional exportado, fue la provincia más expuesta a las dificultades generadas por el cierre del corredor internacional.
La recuperación del tránsito durante los últimos días de agosto podría permitir que parte de las operaciones demoradas se concrete durante septiembre y contribuya a mejorar los registros del próximo informe.
Más litros, pero menos dólares
El resultado de agosto se produjo mientras el acumulado de los primeros ocho meses del año muestra una situación dispar.
Entre enero y agosto, Argentina exportó 1.257.048 hectolitros de vino, apenas un 0,6% más que durante el mismo período de 2025. Sin embargo, el valor de las ventas cayó 7,8%, hasta los 400,4 millones de dólares.
La composición de las exportaciones explica buena parte de esta diferencia. Mientras el vino fraccionado acumuló una caída del 6,8%, el granel creció 25,8%, impulsado especialmente por un incremento del 156,8% en los envíos de vino blanco.
A la vez, el precio promedio de exportación se redujo 8,4% y quedó en 3,18 dólares por litro.
La tendencia ya se había observado durante el primer semestre: las exportaciones habían crecido 14% en volumen, pero apenas 3% en valor, debido a una reducción cercana al 10% en el precio promedio y a una mayor participación del vino a granel.
Para la industria, el escenario representa un desafío central: vender más litros no necesariamente se traduce en mayores ingresos. El crecimiento de los volúmenes puede darse, incluso, acompañado de una caída en el valor obtenido por cada litro exportado.
El mosto concentrado también registró un agosto negativo, con bajas del 29,5% en volumen y del 35,1% en valor. En el acumulado anual, sin embargo, mantiene números positivos, con incrementos del 17,9% en toneladas y del 6,7% en dólares.
Argentina perdió más de la mitad de su participación mundial
Más allá del problema logístico de agosto, los datos reflejan una dificultad estructural para el sector vitivinícola argentino.
Un informe del Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL) advirtió que el país viene perdiendo participación en el comercio mundial de vino desde hace más de una década.
El mercado internacional también atraviesa un período complejo. El consumo mundial cayó desde aproximadamente 244 millones de hectolitros en 2017 hasta 208 millones en 2025, una reducción cercana al 15%.
Argentina, sin embargo, perdió participación incluso dentro de un mercado internacional más reducido.
A comienzos del siglo XXI, el país representaba cerca del 1,3% de las exportaciones mundiales de vino. Su participación alcanzó un máximo aproximado del 4,7% en 2008, pero desde entonces inició una tendencia descendente hasta ubicarse alrededor del 2,1% en 2025.
De esta manera, en poco más de una década Argentina perdió más de la mitad de la participación que había alcanzado durante sus mejores años.
Estados Unidos retrocede y Brasil ofrece una oportunidad
La evolución de los principales destinos también muestra diferencias importantes.
Estados Unidos, que concentra alrededor del 24% de las exportaciones argentinas de vino, se convirtió en un mercado cada vez más desafiante. Las importaciones estadounidenses de vinos fraccionados cayeron 32% en once años y la participación argentina pasó del 8,2% a aproximadamente el 3,7% en 2026.
Brasil presenta un panorama diferente. Las importaciones brasileñas de vino fraccionado crecieron con fuerza y alcanzaron cerca de 299 millones de dólares durante los primeros siete meses de 2026, medidos en dólares constantes, frente a unos 44 millones de fines de la década de 1990.
Argentina también aumentó sus ventas hacia ese mercado, aunque por debajo del crecimiento general de las importaciones brasileñas. Luego de representar cerca del 26% de las compras de vino fraccionado de Brasil a mediados de los años 2000, la participación cayó hasta aproximadamente el 15% y posteriormente se recuperó hasta el 19% en 2026.
Los datos de agosto del INV mostraron nuevamente a Brasil como el principal destino del vino argentino, con 31.869 hectolitros por 9,9 millones de dólares. Le siguieron Estados Unidos, con 18.869 hectolitros y 8,9 millones de dólares, y Reino Unido, con 16.479 hectolitros y 5,2 millones.
El desafío de recuperar competitividad
En el corto plazo, la expectativa del sector está puesta en la reapertura y normalización del Paso Cristo Redentor para recomponer los volúmenes y concretar las operaciones que quedaron demoradas durante agosto.
Pero el desafío excede las dificultades climáticas y logísticas. Para recuperar participación internacional, la industria enfrenta la necesidad de mejorar su competitividad y generar mayor valor por cada litro exportado.
El Malbec continúa siendo el principal embajador del vino argentino. En agosto representó el 62,1% de los vinos varietales exportados, con 63.635 hectolitros comercializados por 24,2 millones de dólares y un precio promedio de 3,8 dólares por litro.
Detrás se ubicaron el Cabernet Sauvignon, con el 12,9%, y el Chardonnay, con el 6,6%.
Sin embargo, el Malbec también muestra señales de retroceso estructural: los volúmenes exportados de esta cepa fueron 36% inferiores durante el primer semestre de 2026 respecto de 2010, mientras que el precio real obtenido se ubicó 7% por debajo del nivel registrado aquel año.
El tipo de cambio es una de las variables que inciden sobre la competitividad, pero no la única. La estructura de costos internos, la logística, la carga impositiva, el posicionamiento comercial y la capacidad de adaptar la oferta a las nuevas demandas internacionales también aparecen como factores determinantes.
El mercado mundial, además, está modificando sus preferencias. Crece la demanda de vinos blancos y rosados, productos más frescos, de menor graduación alcohólica y nuevos formatos, mientras que algunos tintos tradicionales de precio medio muestran una evolución menos dinámica.
Así, el sector vitivinícola argentino enfrenta un doble desafío: superar los problemas coyunturales que golpearon las exportaciones de agosto y, al mismo tiempo, recuperar competitividad para volver a ganar espacio en un mercado mundial que se achicó y que hoy exige mayor capacidad de adaptación.













