
La caída del helicóptero que participaba de una capacitación para el combate de incendios forestales dejó siete víctimas fatales y volvió a poner bajo la lupa las medidas de seguridad en este tipo de operativos. Entre ellas, la disponibilidad de aeronaves de apoyo para actuar de inmediato ante una emergencia.
La tragedia ocurrida este miércoles en el Parque Provincial Ischigualasto, en el departamento Valle Fértil, conmocionó a San Juan y al país. El helicóptero Bell 412EP que participaba de una capacitación vinculada al combate de incendios forestales se precipitó a tierra, provocando la muerte de sus siete ocupantes.
La aeronave formaba parte de un entrenamiento relacionado con el Sistema Nacional de Manejo del Fuego y la Agencia Federal de Emergencias. Tras emitirse una señal de emergencia, se perdió todo contacto con el helicóptero, lo que dio inicio a un importante operativo de búsqueda que, horas después, confirmó el fallecimiento de todos los tripulantes.
Mientras la Justicia Federal y los organismos especializados avanzan con la investigación para determinar las causas del accidente, el hecho vuelve a instalar un interrogante que este diario ha planteado en distintas oportunidades: ¿son suficientes los protocolos de seguridad aplicados durante este tipo de operaciones aéreas?
Un debate que no es nuevo
En anteriores coberturas sobre incendios forestales y operativos aéreos, este medio advirtió sobre la importancia de que las aeronaves destinadas a este tipo de misiones cuenten con respaldo operativo inmediato.
Especialistas en operaciones aéreas contra incendios coinciden en que la planificación contempla el trabajo coordinado de varias aeronaves cuando la magnitud del operativo lo requiere, ya que ello permite mantener apoyo mutuo, mejorar las comunicaciones y brindar una respuesta más rápida frente a cualquier contingencia que pueda surgir durante el vuelo.
En ese contexto, la disponibilidad de una segunda aeronave puede resultar determinante para localizar rápidamente un helicóptero en emergencia, asistir a su tripulación, coordinar el rescate y aportar información inmediata a los equipos que intervienen en tierra.
Si bien las autoridades aún no han informado cómo estaba conformado el dispositivo aéreo al momento del accidente ni cuáles eran los protocolos específicos aplicados durante la capacitación, la tragedia vuelve a abrir el debate sobre la necesidad de revisar permanentemente las medidas de seguridad en este tipo de misiones de alto riesgo.
Las pericias que llevan adelante los investigadores serán determinantes para establecer si existieron fallas mecánicas, errores operativos o cualquier otro factor que haya contribuido al siniestro.
Más allá de las causas que finalmente determine la investigación, el accidente ocurrido en Valle Fértil deja una dolorosa lección: en las operaciones aéreas de emergencia, cada medida preventiva y cada recurso de respaldo pueden marcar la diferencia entre una rápida asistencia y una tragedia de enormes dimensiones.













