
La industria del cobre y el oro en San Juan avanza a paso firme en los escritorios técnicos y financieros, pero se aplaza sistemáticamente en su dimensión más sensible: el diálogo con la sociedad civil. Acostumbradas a la emisión de gacetillas rígidas y unilaterales, la mayoría de las multinacionales muestra un preocupante vacío en su comunicación minera. San Juan, en tanto, ya agotó la paciencia de las redacciones independientes y colmó la tolerancia del propio Ministerio de Minería.
Esta desconexión no es nueva ni casual; es estructural. En el célebre Plan Estratégico de Comunicación (PEC) para la industria minera Argentina, del 2006, el periodista Hugo Daniel Fernández ya advertía: «Al no existir un plan de comunicación por parte del gobierno, las empresas y los organismos pertinentes, el sector minero argentino no cuenta con los elementos necesarios para contrarrestar la corriente comunicacional negativa, ni para llevar adelante un plan informativo y educativo para toda la sociedad».
Fernández señalaba entonces que, en el nivel privado, «las empresas mineras no poseen en su mayoría departamentos de comunicación, prensa o relaciones institucionales, que cuiden estas temáticas, aunque sus directivos son conscientes de la importancia que tiene esta temática«. Dos décadas después, la inercia corporativa parece intacta.
Los Azules, Altar y Vicuña: tres caras de la gestión informativa
Incluso en este panorama complejo, existen excepciones operativas. El proyecto de cobre Los Azules (McEwen Copper), bajo la conducción de prensa de Carlos Rivera, se destaca por comprender que los tiempos informativos actuales no admiten las demoras burocráticas de las casas matrices. Su velocidad para delimitar qué datos técnicos o financieros están habilitados para ser revelados, elimina el misterio y facilita la labor de los comunicadores.

En el Proyecto Altar, del departamento Calingasta, operado por Aldebaran Resources Inc. la comunicación de la prensa está en manos de Fátima Olavarría, como analista de comunicación del proyecto. Olavarría ha mostrado apertura al contacto con la prensa y poder de gestión a las consultas emitidas por este medio.

En la vereda de enfrente, el megaproyecto Vicuña (Lundin Mining y BHP en Josemaría y Filo del Sol) transita un complejo proceso de aprendizaje para superar los esquemas de comunicación unidireccional. La estructura, bajo la vocería de Marcelo Agulles, ha intentado dar pasos hacia una mayor apertura con la prensa local. No obstante, situaciones de alto impacto social, como las controversias operativas vinculadas a la contratista PowerChina, por ejemplo, evidenciaron que la tradicional rigidez de las multinacionales suele verse desbordada ante la demanda de respuestas rápidas y empáticas que exige la comunidad.

El origen de las tensiones: de Gualcamayo a Hualilán
Los cambios de rumbo y los silencios también sacuden el mapa. En Gualcamayo, la incorporación de Santiago Victoria (exvocero de Barrick Mining) marca un giro: tras años de gestionar la comunicación de Veladero bajo un esquema selectivo y de bajo perfil, hoy el escenario lo obliga a bajar a la arena pública para reposicionar el proyecto.

Por su parte, el proyecto de oro Hualilán, que solía ser un ejemplo didáctico de apertura comunitaria, experimentó un quiebre en su fluidez informativa, tras registrar ruidos logísticos y de transporte en sus operaciones. El manto de hermetismo adoptado desde entonces alimenta las especulaciones sobre el futuro del proyecto, ante la falta de definiciones institucionales claras.
Este comportamiento encaja con las denominadas «fallas de comunicación» que Fernández detallaba en su investigación: «la falta de información compartida», «la falta de una comunicación transparente», y el hecho de que «no se brinda a los residentes información clara, consistente y amplia sobre los posibles impactos positivos y negativos de la mina».
El doble estándar comunicacional en Veladero y la llegada de Marcos Conca
Veladero, el yacimiento de oro más emblemático de San Juan, cuenta con Laura Hernández como Superintendente de Relaciones Institucionales de Veladero Barrick Mining Corporation-Shandong Gold y paralelamente presidenta de Wim Argentina. Hernández no ha generado un canal de diálogo ni comunicación con los medios, y sus apariciones suelen estar más vinculadas a comunicados de Wim.

A su vez, hace 7 años el consultor Eduardo D’Alessio está vinculado a la empresa, pero la relación con los medios estaba a cargo de Santiago Victoria. Desde la salida de Victoria, es D’ Alessio quien se ocupa paralelamente de esta función y la gestión comunicacional es más directa y ágil.
En el día de ayer viernes, Veladero incorporó al equipo al ex Glencore Pachón, el abogado Marcos Conca. El nuevo miembro tendrá bajo su conducción las áreas de Gobierno, Comunidades, Comunicación.

Hermetismo, vacíos y el rol de la Cámara Minera
La multinacional Glencore, con Verónica Mazzaferri como coordinadora de comunicación en Pachón y Verónica Morano, gerente de comunicación de Glencore Argentina, representa el extremo de la comunicación estrictamente fría e institucional, donde la información es dosificada y controlada milimétricamente.


A este cerrojo corporativo se suman las políticas restrictivas de proyectos como Casposo, con Rubén Femenía en la gerencia general del proyecto, quien evita sistemáticamente los requerimientos técnicos que salgan de sus gacetillas prediseñadas.

La propia Cámara Minera de San Juan replica esta inercia conservadora. Su jefe de comunicación, Leonardo Quiroga Cisella, alterna su rol institucional con la conducción de un programa personal de streaming donde trata temáticas del sector. Esta dualidad resulta controvertida, ya que por una parte maneja información privilegiada. Por otro lado, algunos auspiciantes de su espacio privado son socios directos de la entidad gremial empresaria que representa.
Esta interrelación es crítica. Tal como sostiene el PEC: «La minería por sus singulares características es una actividad que necesita más que otras, la interrelación con el entorno en el que se desarrolla para poder llevar a cabo su labor extractiva sin contratiempos que interfieran su productividad o cuestionen su presencia. Las estrategias de comunicación que desarrollen las empresas mineras pueden marcar las diferencias entre tener o no tener conflictos con su entorno».

«Llegó el momento de correr el velo»
Frente al laberinto de hermetismos, el ministro de Minería, Juan Pablo Perea, lanzó una advertencia categórica y exigió un cambio radical en las políticas corporativas. El funcionario expuso el desgaste gubernamental que genera dar explicaciones por decisiones privadas: «Por ahí es medio incómodo responder preguntas que tiene que responder una compañía. Me encantaría responder qué pasó con determinados contratos, pero eso le corresponde a la compañía», disparó Perea en un programa de streaming local.
Para el jefe de la cartera minera, la evolución del interés social vuelve inadmisible el secretismo. Su frase final sepulta la vieja escuela de relaciones públicas andinas: «Es algo que no se tiene que esconder más, hay que correr el velo, llegó el momento de que tengan una comunicación más abierta con la sociedad y sean ellas mismas quienes expliquen sus decisiones».

La responsabilidad de los voceros frente al trabajo periodístico y el respeto al tiempo ajeno
Está claro que la decisión de mantener la información bajo llave no depende de los responsables de prensa; al fin y al cabo, ellos sólo respetan los lineamientos que bajan de sus gerencias. Sin embargo, sí depende de ellos empatizar con los medios locales, atender el teléfono y dar una respuesta, aunque sea para avisar que no pueden hablar. Los modos, las formas y el trato hacia los periodistas que buscan hacer su trabajo son responsabilidad exclusiva de cada vocero. Ignorar llamadas y mensajes sistemáticamente, o comprometerse a buscar datos sabiendo de antemano que es inviable, es jugar con el tiempo ajeno. Esa actitud, solo genera falsas expectativas y frena el trabajo de los medios, cuya única finalidad es transmitir información a la comunidad.
El diagnóstico académico del PEC de 2006 ya anticipaba este límite: «Las empresas mineras han fallado o no le han dado importancia a obtener ‘licencia social para operar’ denotado principalmente por las inadecuadas experiencias en cuanto a las estrategias de comunicación». Con inversiones del RIGI en puerta, la pregunta ya no es cuánto mineral hay en la roca, sino si las operadoras serán capaces de hablar con la sociedad de manera transparente antes de que el silencio ahogue sus proyectos.
Fuente: Acero y Roca, especial para Diario Las Noticias













