
A una semana de los sismos de magnitudes 7,2 y 7,5 que sacudieron Venezuela, las autoridades confirmaron que ya son 2.295 las personas fallecidas, mientras que otras 40.271 permanecen desaparecidas y las posibilidades de encontrar sobrevivientes entre los escombros son cada vez menores.
El último informe oficial también indica que 11.267 personas resultaron heridas y que 12.841 fueron registradas como damnificadas por el desastre, uno de los más graves de la historia reciente del país.
El presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, informó además que los equipos de rescate consiguieron salvar a 6.461 personas desde que comenzaron los operativos de emergencia, que aún continúan con la colaboración de cerca de 4.100 rescatistas internacionales.
Terremotos en Venezuela: el balance de víctimas y heridos por los sismos
Las autoridades señalaron que más de 26.400 personas reciben asistencia médica, psicológica y habitacional, mientras que los programas de ayuda ya alcanzaron a unas 81.500 familias.
En el área sanitaria, el balance oficial da cuenta de 17.026 personas atendidas entre hospitales y puestos de emergencia. De ese total, 4.565 permanecen internadas y 13.942 ya fueron dadas de alta.
Como parte de la respuesta a la emergencia, permanecen habilitados 25 campamentos para alojar a los damnificados, principalmente en los estados de La Guaira, Miranda, Carabobo, Yaracuy y el Distrito Capital. Las autoridades adelantaron que se trabaja para ampliar la capacidad de estos espacios en los próximos días.
El Gobierno también informó que al país ingresaron más de 707.000 toneladas de ayuda humanitaria internacional y que fueron distribuidos casi 8,9 millones de kilos de alimentos entre la población afectada.
Pese al amplio despliegue de asistencia, el panorama sigue siendo crítico. De las 56.030 personas reportadas inicialmente como desaparecidas tras los terremotos, solo 15.759 pudieron ser localizadas hasta el momento.
En paralelo, organismos humanitarios y la Organización Mundial de la Salud advirtieron sobre el riesgo de que se produzcan brotes de enfermedades en las zonas afectadas, donde miles de personas permanecen desplazadas y el sistema sanitario opera al límite de su capacidad.













