
La disputa por la soberanía territorial del Valle de la Luna ha vuelto a ponerse sobre la mesa legislativa, no solo como un reclamo geográfico, sino como un cuestionamiento profundo a la legitimidad de las decisiones tomadas durante gobiernos de facto.
El proyecto presentado por el senador riojano Raúl Galván (UCR) para derogar las leyes de 1968 y 1969 busca revertir lo que considera un despojo histórico perpetrado por la dictadura de Juan Carlos Onganía.
Un Origen Cuestionado:
El argumento de Galván es tan jurídico como político. Las leyes que establecieron los límites actuales —otorgando el control del Valle a San Juan— fueron firmadas en un contexto de intervención federal, donde los gobernantes provinciales no eran representantes del voto popular, sino delegados del poder central.
»Los territorios cedidos… pertenecen a La Rioja», sostiene el senador, planteando que un interventor de facto no tiene la potestad legítima para enajenar el patrimonio territorial de una provincia.
La Grieta Riojana:
Lo más llamativo de esta ofensiva legislativa no es solo el conflicto interprovincial con San Juan, sino la fractura interna dentro de la representación riojana. La confesión de Galván sobre la falta de apoyo de sus pares locales, como Eduardo Menem y Jorge Yoma, expone una contradicción política fascinante y dolorosa:
El Peso del Pasado:
Galván no duda en señalar que Eduardo Menem actuó como funcionario durante el mismo periodo que hoy se cuestiona.
La Institucionalidad vs.
El Reclamo:
Mientras algunos legisladores prefieren mantener el statu quo y la validez de las leyes de ese periodo por una cuestión de estabilidad institucional, Galván propone una revisión histórica completa.
Conclusión:
¿Es el Valle de la Luna una deuda pendiente de la democracia con La Rioja o es un caso cerrado por el paso del tiempo y la política? La iniciativa de la UCR obliga al Congreso a mirar hacia atrás, a una época donde los mapas se trazaban con lapicera militar y no con consenso federal.
Más allá del destino de este proyecto, la discusión pone de relieve que, en Argentina, los límites geográficos suelen ser tan difusos como la memoria política de sus dirigentes. El Valle de la Luna, con su paisaje lunar y eterno, queda una vez más atrapado en el centro de una tormenta bien terrenal.













