

En un escenario político atravesado por la incertidumbre y la redefinición de liderazgos, el peronismo argentino transita una etapa de reordenamiento que expone diferencias estratégicas, territoriales y discursivas. Lejos de una conducción unificada, tres vectores comienzan a delinear el tablero opositor de cara a las elecciones presidenciales de 2027: la proyección nacional del gobernador bonaerense Axel Kicillof, la propuesta innovadora del sanjuanino Sergio Uñac para reformular las primarias, y el posicionamiento cada vez más autónomo de los gobernadores del norte.
Kicillof y la construcción de un liderazgo propio
El mandatario bonaerense avanza en la consolidación de su figura nacional con una estrategia que combina diferenciación interna y pragmatismo político. En recientes apariciones ante militantes del Movimiento Derecho al Futuro (MDF), Kicillof dejó definiciones que marcan el tono de su proyecto: una crítica implícita a la experiencia del Frente de Todos —“no podemos ganar y después tener dificultades para gobernar”— y una postura de convivencia con el kirchnerismo, sin ruptura explícita con Cristina Fernández de Kirchner.
Aunque la relación con referentes como Máximo Kirchner o Mayra Mendoza no atraviesa su mejor momento, el gobernador evita una confrontación directa. Su táctica parece clara: construir un liderazgo competitivo que interpele al electorado moderado sin dinamitar los puentes con el núcleo duro del peronismo. “Axel no hace lo que quiere Cristina y no por eso es un traidor”, sintetizan desde su entorno.
Uñac propone una “primaria a la estadounidense”
En paralelo, Sergio Uñac introduce un elemento disruptivo en la discusión interna: una reforma del sistema de Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) mediante un esquema regionalizado y escalonado en el tiempo. La iniciativa surge en un contexto donde el Gobierno nacional evalúa la eliminación de las PASO, lo que obligaría a la oposición a redefinir sus mecanismos de selección de candidaturas.
La propuesta contempla dividir el país en cuatro regiones —NEA, NOA, Centro y Patagonia— con votaciones distribuidas entre noviembre y marzo. El objetivo es múltiple: sostener la agenda política durante seis meses, permitir una mayor territorialización de las propuestas y evitar una dispersión caótica de candidaturas.
Inspirado en el sistema de primarias de Estados Unidos, el modelo busca ordenar la competencia interna y otorgar mayor protagonismo a las realidades provinciales. Sin embargo, su viabilidad dependerá del consenso entre sectores con intereses divergentes y de la evolución del marco electoral nacional.
El norte peronista marca su propio rumbo
Mientras tanto, un grupo de dirigentes del norte del país consolida una identidad política diferenciada, basada en la gestión y el pragmatismo. Gobernadores como Gustavo Sáenz, Raúl Jalil y Osvaldo Jaldo, junto a la senadora Carolina Moisés, promueven una agenda menos ideologizada y más orientada a resultados concretos.
El caso de Jujuy resulta ilustrativo: la reciente decisión de la Justicia Federal de anular la intervención del PJ local, impulsada por la conducción nacional, reconfiguró el escenario partidario y fortaleció a sectores críticos del kirchnerismo. La designación de Ricardo Villada como interventor abre un proceso interno que podría redefinir alianzas en la región.
El discurso de estos dirigentes es contundente: “Somos peronistas y tenemos que gobernar”, repiten Jalil y Jaldo. En esa línea, no dudan en respaldar iniciativas como el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) o mantener canales de diálogo con el Gobierno nacional, aun a riesgo de tensar la relación con el kirchnerismo tradicional.
Tensiones, estrategias y escenarios abiertos
El peronismo se encamina así hacia un proceso de redefinición donde coexisten estrategias diversas:
- Kicillof apuesta a consolidarse como figura nacional sin romper con el kirchnerismo, buscando ampliar su base electoral.
- Uñac intenta innovar en los mecanismos de competencia interna para sostener la cohesión opositora.
- Los gobernadores del norte priorizan la gestión y las alianzas pragmáticas, incluso por fuera de la lógica tradicional del PJ.
De cara a 2027, se abren múltiples escenarios: desde una unidad tardía con una fórmula de consenso, hasta una fragmentación competitiva que desgaste al espacio, o incluso la consolidación de una “tercera vía” federal impulsada desde las provincias.
En este contexto, un factor será determinante: la decisión del Gobierno nacional respecto a la continuidad o eliminación de las PASO. Esa definición no solo impactará en la arquitectura electoral, sino también en la capacidad del peronismo para ordenar su interna y proyectarse como alternativa de poder.
Por ahora, el movimiento justicialista continúa escribiendo su hoja de ruta entre la necesidad de renovación, las tensiones territoriales y el peso de su propia historia.
















