

Cuando hablamos de Minería, la historia sanjuanina remite de manera ineludible a la figura de Domingo Faustino Sarmiento, quien en la segunda mitad del siglo XIX concibió a la actividad minera como una herramienta central para el progreso económico, la educación y el poblamiento de la provincia, sentando las bases de una industria que hoy tiene alcance nacional.
Su ideario comprendía que la explotación minera traería el bienestar colectivo a una provincia que carecía de recursos y puso todo su esfuerzo para poner en marcha esta industria, hoy de características nacionales.
En este sentido, el gobernador Sarmiento impulsó la sanción de leyes mineras junto con la fundación de la Compañía de Minas de San Juan, donde él mismo fue socio y presidente. Promovió la creación de laboratorios metalúrgicos y cátedras de mineralogía en las escuelas de enseñanza superior para la formación de jóvenes sanjuaninos. Encomendó el primer relevamiento minero hecho en la Cordillera de los Andes y la búsqueda de capitales para su explotación, junto con el establecimiento de hornos de fundición (actual Hilario). Todo lo hecho, bajo el ímpetu del progreso.
Su palabra puesta en vigencia: “Las minas son hoy el fuego que conduce a los pueblos al desierto para poblarlo; y como requieren inteligencia, civilizan a la par que pueblan; como pide máquinas, y dan productos pesados y valiosos, señalan la dirección de los ferrocarriles y del comercio. Sobre todo, esas minas son la poesía del pobre, la piedra filosofal del ignorante, ante ellas todos son iguales; basta pedir una veta para creerse rico; pero basta dar un feliz barretazo para serlo en realidad” (Obras completas de Sarmiento. T. XLI, 1869, p. 14.)
La explotación de las montañas como recurso genuino de la zona.
















