
La columna de opinión del ex gobernador y geólogo sanjuanino Carlos Gómez Centurión, publicada en 2011 en el aniversario 200 del natalicio de Domingo Faustino Sarmiento.
Indagar en Sarmiento y su relación con la minería ofrece un doble asombro: el carácter pionero de Sarmiento en la concepción de una industria minera para el país, por una parte; el comprobar, por la otra, que sus iniciativas, las bases que intentó sentar para la misma, principalmente a partir de su gobernación, debieron esperar más de un siglo para ser rescatadas en la política minera argentina.
Si la mención de Sarmiento es infaltable en la historia minera argentina, es forzoso buscar el origen de su interés, seguir sus pasos y escuchar sus impresiones, en el camino que lo lleva a conformar un pensamiento minero.
El primer encuentro de Sarmiento con la minería es fortuito. A los 23 años, exiliado en Chile y por exigencias económicas, trabaja como mayordomo o capataz en la mina de plata «La Colorada», en Copiapó, explotada por el general Vega, ex jefe militar de Sarmiento en San Juan, y a quien volveremos a encontrar junto a él años más tarde. Sarmiento debe bajar a la mina a controlar el trabajo de los peones, jornadas que aprovecha para leer y traducir del inglés la obra de Sir Walter Scott, y de las cuales recuerda:
«Por economía, pasatiempo y travesura, había yo concluido por equiparme completamente con el pintoresco vestido de los mineros y habituando a los demás a mirar este disfraz como un traje natural. Calzaba babucha y escarpín; llevaba calzoncillo azul y cotón listado, engalanando este fondo, a más del consabido gorro colorado, una ancha faja de donde pendía una bolsa capaz de contener una arroba de azúcar (… )»
En su segundo exilio en Chile tiene la oportunidad de asistir a una reactivación minera en la zona norte y, como periodista, comenta y analiza el desarrollo de la industria en sus notas para El Mercurio, el Nacional y el Progreso.
«La legislación y las minas», nota publicada el 1 de marzo de 1842, expone y desarrolla las tres ideas claves que serán permanentes en su pensamiento:
1) Las desventajas elimáticas, agrícolas y la extensión territorial de Chile, se compensan en las riquezas minerales que guarda su composición montañosa. La explotación de esas riquezas le significa a Chile una balanza de pagos favorable y un saldo positivo en su comercio exterior. Dice Sarmiento: «La naturaleza dio a Chile profusión de montañas, ricos depósitos metálicos, que diesen vida, ocupación y riqueza a sus habitantes.
2) La actividad minera permite la confluencia e interrelación de capitales, arte y ciencia. Dice Sarmiento: «La maquinaria, desconocida en el país ha tenido en los trabajos que la elaboración de los metales requiere, una extensa e importante aplicación.
3) Los gobernantes y legisladores tienen como misión eliminar los obstáculos que puedan presentarse en la exploración y desarrollo de la industria. Dice Sarmiento: «El gobierno, y, como parte de él el legislador, deben proveerla de aquellos medios que el interés particular no es capaz de proporcionar, y esta es la misión del poder que rige sus destinos. El gobierno le favorece con leyes orgánicas que hagan fácil la producción».
En 1844 su mirada se dirige a la minería que despunta en el Norte, deteniéndose en el progreso y beneficio que acarrea a la sociedad. En el artículo «Provincia de Atacama’, compara el Sur y su actividad agrícola, con el Norte y su industria minera, encontrando claras ventajas en esta última.
Advierte la pérdida que significa llevar adelante la actividad sin atender normas legales, sin ingenieros y peritos que la hagan económicamente viable. Según sus palabras: «(Copiapó) hasta hoy ha hecho la explotación de las minas sin respeto a las ordenanzas que prescriben la manera de llevar los trabajos; hasta hoy el minera¡ más productivo de la República, no posee un cuerpo de ingenieros de minas, o de peritos facultativos que ahorren las gruesas sumas que demanda la elaboración que se hace a ciegas «.
La atención de Sarmiento se centra no sólo en los metales, sino también en los minerales no metaliferos, como el carbón de piedra, especialmente por su valor como combustible para los hornos de fundición del cobre explotado en el Norte. La importancia del carbón como combustible no será olvidada por el sanjuanino exiliado, quien, podemos aventurar, no pocas veces habrá pensado en su provincia natal, al otro lado de la cordillera, mientras escribe sobre la minería en Chile; en las riquezas alardeando el fin de las luchas intestinas que tanto nos pedudicaron, para ser explotadas y, permitirle a ese otro Oeste, brindar a Argentina un polo de desarrollo tanto o más atractivo que la explotación ganadera del Este.
En el mensaje a la Legislatura, del 22 de junio de 1862, declara a la minería industria principal en la provincia, apelando nuevamente al apoyo del gobierno nacional para su desarrollo y resaltando lo beneficiosa que resultará para la economía interna y el comercio exterior de la Nación, mensaje que recuerda las palabras del periodista en su artículo «La Legislación y las minas» de 1842.
Tal es la situación industrial en que el Gobierno ha encontrado a la provincia: un montón de ruinas, los capitales destruidos, el comercio paralizado por falta de un producto que le sirva de base, e imposibilitado por la obstrucción e inseguridad de los caminos. Millares de hombres han consumido sus pequeños capitales, permaneciendo dos años con los brazos cruzados, sin la esperanza siquiera de trabajar en ramo alguno de los conocidos.
Tal situación seria de desesperar, si la naturaleza no ofreciera un camino nuevo por donde salir de este estancamiento: las minas.» La minería es el producto que permitirá la reactivación económica, y, para lograrlo, su gobierno convoca capitales provinciales, nacionales y extranjeros con el fin de establecer una compañía que suministre el financiamiento necesario al desarrollo de la industria.
Un mes más tarde se constituye la Compañía de Minas de San Juan, con una base de 110.000 pesos fuertes, en 1.100 acciones, de 100 pesos cada una. Los sanjuaninos y residentes extranjeros suscriben 361 acciones del total de 1.100, con lo que el capital accionario suma, en realidad, 36.100 pesos. Sarmiento es designado presidente de la Compañía, y participa como propietario de 10 acciones, pagadas con un adelanto de dos años en el arriendo de la propiedad que, su esposa Benita tenia en Valparaiso.
En siete meses el gobernador ha designado las autoridades que la legislación vigente establece: el Diputado de Minas; ha nombrado un profesional de la ciencia minera: el Inspector de Minas; y ha creado una compañía que aporte el capital imprescindible para la exploración y explotación: la Compañía de Minas.
El testigo y cronista de la realización trasandina se ha convertido en el ejecutor del desarrollo minero en su provincia, ha puesto en práctica en siete meses lo observado durante 20 años, –
Deseo recalcar especialmente este hecho. Sarmiento podría haberse limitado a la designación e instrucción de las autoridades mineras, podría haber delegado en ellas la puesta en marcha de la industria, pero se comprometió ante sus comprovincianos y connacionales aportando un capital con el que no contaba, en un acto que sirviera de convocatoria, ejemplo y prueba de su profunda convicción.
No considera, sin embargo, cumplido su proyecto. En la comunicación a Mitre referida a la creación del Colegio Preparatorio, luego Colegio Nacional, señala con particular énfasis la necesidad de preparar ingenieros, de enseñar química, a fin de formar hombres que puedan continuar y acrecentar el potencia¡ que la industria minera significa para la provincia.
Insiste en la convocatoria de capitales a través de la abundante correspondencia que mantiene con amigos en Chile: Sarratea en Valparaiso y Antonio López en Copiapó, y con sus amigos en Buenos Aires: Juan Anchorena, Ambrosio Lezica, Juan Cano, Antonio González Moreno. Pidiendo el apoyo del gobierno nacional en la figura de Mitre, le escribe,, en mayo de 1862: «Las minas son una realidad, como California.
Sarmiento incursionó en una actividad minera ignorada hasta ese momento, creyó en la riqueza y progreso que entrañaba, levantó los pilares jurídicos, científicos y económicos que la construcción requería, invitó a otros a sumarse a la épica de desarrollo de su proyecto.
Pero todo pionero necesita tiempo en su esfuerzo, y Sarmiento, pese a la solidez de su concepción minera, a la rapidez para implementarla, pese a haber mostrado su compromiso personal aportando fondos propios, no contó con la continuidad, del largo plazo que la empresa demandaba. La minería comienza con la inversión en exploración, inversiones a futuro donde, de muchas exploraciones, algunas resultan en una mina importante.
Sarmiento, lejos de sentirse derrotado, no abandona su interés ni su convicción en la importancia de la minería. En 1869 asume la presidencia de la Nación. Crea la primera Escuela de Minería del país en la provincia de San Juan, y auspicia la venida de grandes geólogos e ingenieros en’ minas, principalmente 1 de Alemania, como Steppenberk, Groeber y Hoskoldt, este último autor de una de las primeras fórmulas matemáticas para el cálculo del «valor real» de una mina, fórmula usada, con algunas variantes, hasta el día de hoy.
Rickard, aquel mineralogista inglés que tanto acompañó y asesoró a Sarmiento durante su gobernación, eleva el «Informe sobre los distritos minerales, minas y establecimientos de la República Argentina». Es el primer registro científico de las: minas y establecimientos existentes, metales explotados, minerales útiles para la industria, compañías, capitales, maquinarias, trabajadores y sistemas utilizados, catastro encargado por el gobierno.Los obstáculos que impiden la explotación son los ya conocidos y sufridos por Sarmiento: falta e ignorancia de legislación carencia de apoyo gubernamental, desconocimiento de la ciencia y de los procedimientos, dificultades de comunicación, excesivos fletes y costos de traslado.
Su defensa de la industria minera continúa como senador y periodista. Como senador, defiende el mantenimiento de las Escuelas de Minas en San Juan y Catamarca; como periodista, advierte sobre la experiencia y conocimientos del doctor Enrique Rodríguez, encargado de la redacción del Código de Minería, aún faltante en el país; o cuando defiende las condiciones especificadas en la ley carbonifera, relativas a las ventajas comerciales del carbón nacional en condiciones industriales sobre el importado.
Es su trayectoria final como hombre público, y su acción se orienta a los ejes científicos y legislativos, ejes que procura afianzar para lograr la afluencia de los capitales en el desarrollo de una industria a la que, sigue considerando factor de progreso y civilización.
Pero Sarmiento ya dijo en la legislatura el día 22 de junio de 1862 que: «(se) requiere la inversión de fuertes capitales para la fundición y amalgamación, combinadas y separadas, y el minero en vano sacaría de las entrañas de la tierra minerales de reconocido valor, si no hay preparados establecimientos que los reduzcan a metales.
El Gobierno se propone, por la publicidad de los datos, por sus relaciones con capitalistas de otros puntos y aún con hombres científicos, provocar una asociación para crear establecimientos con un fuerte capital, que hagan fácil y expedita la explotación de las minas». A los metales se han sumado, en esos 80 años, las ramas no metalíferas las rocas de aplicación, los minerales estratégicos, el petrolero, los yacimientos radiactivos, sin contar las industrias relacionadas.
La política minera se basa en regímenes de subsidios, y la exportación es reducida. A pesar de ello, se desarrollan algunos proyectos mineros de magnitud, especialmente los que sustentan a la industria siderúrgica, minerales de hierro en Zapla y Sierra Grande, carbón en Río Turbio, oro-plata en Farallón Negro.
En cuanto a la exploración, los recursos aplicados permiten ubicar sólo zonas de posibles emprendimientos, a excepción del descubrimiento y desarrollo del proyecto cupro-aurifero Bajo La Alumbrera, en Catamarca, el yacimiento de Cerro Vanguardia, en Santa Cruz, el proyecto cuprífero de Pachón, en San Juan, el yacimiento de Agua Rica, en Catamarca.
Lo importante, de cualquier manera, es que a partir de 1993 la exploración se intensifica, pasándose de 5 compañías mineras extranjeras radicadas en el país, a más de 90.
Un buen número de estas compañías ubican m proyecto factible a partir de estudios geológicos preliminares, y ofreciendo este anteproyecto en las bolsas de comercio de Vancouver, New York, Montreal, Toronto, toman capitales de riesgo de esas bolsas para sus inversiones.
El resultado es la mayor cantidad de metros perforados en exploración, con el conocimiento de áreas que hasta ese momento se ignoraban, pues hablan sido declaradas áreas de reserva, y el estado no habla podido realizar las exploraciones pertinentes, por carecer del financiamiento necesario.
Las inversiones anuales, que en 1992 eran de 10 millones de dólares, se incrementan a partir de 1995, y alcanzan en 1999 la suma de 2.130 millones de dólares.
Decía Sarmiento en 1869. Comentando el informe de Rickard: «( … ) Un millón de pesos ingleses está ya comprometido en las minas de San Juan y, (…) conocida la extensión del país metalífero, otros millones lo seguirán, y tras ellos ingenieros, máquinas y las industrias auxiliares y accesorias.
«Y agrega más adelante: «Las minas son hoy el fuego que conduce a los pueblos al desierto para poblarlo; y como requieren inteligencia, civilizan a la par que pueblan, como pide máquinas y dan productos pesados y valiosos, señalan la dirección de los ferrocarriles y del comercio».
La sintética reseña de la evolución de la mineria argentina en estos 130 años pretende mostrar, cómo las tres ideas claves que sustentan el pensamiento minero sarmientino: el capital, la legislación, la ciencia y tecnología, instrumentadas de manera complementaria, son reeditadas a partir de 1993, y, con la continuidad en el tiempo que la actividad requiere, la industria olvidada, que el pionero trató de impulsar, logrará su realización como polo de desarrollo y riqueza para el país.
El día 7 de mayo ha sido instituido como Día de la Minería en nuestro país. Ese día, la Asamblea General Constituyente de 1813 sancionó la primera ley de fomento minero, propuesta por la Junta de Gobierno. Decía la Junta, para fundamentar su propuesta, que el ramo de minas, después del crédito público, formaba la base más sólido del sistema de hacienda.
Esperemos que las futuras celebraciones del 7 de mayo, sean la celebración de una industria recuperada, en la que el sanjuanino merecerá un brindis especial por el cumplimiento de su sueño de pionero.













