Nada le debo a la vida, nada le debo al amor, aquella me dió amarguras y el amor una traición

Por Juan Carlos Malis

Alguien dijo que los tangos argentinos son verdaderas lápidas musicales. Otros dicen que es un sentimiento triste que se baila. Lo cierto es que pasa el tiempo y se sigue imponiendo la sentencia cafeteril Discepoliana cuando allá por los años 30, presagiaba la tragedia argentina. La obra de Enrique Santos Discépolo con certeras premoniciones como: al mundo le falta un tornillo o “Uno busca lleno de esperanzas…el camino que los sueños prometieron a sus ansias, o que Vachaché, son piezas de alta retórica filosófica, escritas en la mesa de un bar. El mayor emblema es el tango Cambalache, estremecedora resonancia magnética sobre la personalidad de los argentinos.

Como es metafórico, al que le quepa el sayo que se lo ponga, por ejemplo. Si observamos la decadencia política social y económica en nuestro país, donde todos estamos afanados en afanarnos. Motochorros, violadores, coimeros, impostores, miserables que aprovechan la pandemia para desabastecer mercadería, entre tanta mishiadura, qué mejor que la descripción tanguera: 

¡No pienses más, Hacete a un lao, Que a nadie importa Si naciste honrao!. Si es lo mismo el que labura, Noche y día como un buey, Que el que vive de las minas, Que el que mata, que el que cura

O está fuera de la ley. Pero hay más. En nuestro país muere por violencia de género una mujer cada 30 horas. La conducción de la sociedad o gobierno nacional está compuesto por 85% de varones y 15%  de mujeres. Además una sociedad subsidiada tiende a esclavizar a la mujer de la casa, mientras el hombre se rasca los huevos. Por ejemplo: Piantá de aquí, no vuelvas en tu vida. Ya me tenés bien requeteamurada. No puedo más pasarla sin comida, Ni oìrte así decir tanta pavada.

Sin embargo también es justo reconocerlo están los argentinos laburantes, que pagan impuestos, dejan su alma en la vocación y como Job deben escuchar a sus mujeres cómo les claman para que no sean tan boludos honestos, ejemplo: No te das cuenta, que sos un engrupido?, Te crees que al mundo lo vas a arreglar vos? Si aquí ni Dios rescata lo perdido! Que querés vos? Hace el favor!…Lo que hace falta es empacar mucha moneda, Vender el alma, rifar el corazón, Tirar la poca decencia que te queda…Plata, mucha plata! Yo quiero vivir! Así es posible que morfes todos los días, Tengas amigos, casa, nombre… y lo que quieras vos. El verdadero amor se ahogó en la sopa: La panza es reina y el dinero es Dios. Pero no ves, gilito embanderado, Que la razón la tiene el de más guita, Que la honradez la venden al contado, Y a la Moral la dan por moneditas, Que no hay ninguna verdad que se resista, Frente a dos pesos moneda nacional, Vos resultas, haciendo el Moralista, Un disfrazado… sin carnaval…

La metáfora es describir la fría realidad pero con otras palabras, que lleven poesía, belleza y profundidad filosófica de lo contrario, la vida sería palabra muerta. José Ingenieros escribe su inmortal “hombre mediocre”. Las letras del tango lo pintan: Pero que el siglo veinte Es un despliegue De maldá insolente Ya, no hay quien lo niegue Vivimos revolcaos En un merengue En el mismo lodo Todos manoseaos ¡Hoy resulta que es lo mismo Ser derecho que traidor! ¡Ignorante, sabio, chorro pretensioso, estafador!¡Todo es igual!¡Nada es mejor!¡Lo mismo un burro Que un gran profesor! No hay aplazaos Ni escalafón Los inmorales Nos han igualao Si uno vive en la impostura Y otro afana en su ambición ¡Da lo mismo que sea cura Colchonero, rey de bastos Caradura o polizón!.

Y de repente nos miramos al espejo y caemos en la cuenta  de que empezó nuestra vejez cuando nos desencantamos, nos desilusionamos de todo aquello que habíamos amado tanto. Y hasta pagamos para que nos quieran: Pero, Dios, te trajo a mi destino Sin pensar que ya es muy tarde Y no sabré cómo quererte…Déjame que llore Como aquel que sufre en vida La tortura de llorar su propia muerte…Pura como sos, habrías salvado Mi esperanza con tu amor…Uno está tan solo en su dolor…Uno está tan ciego en su penar….Pero un frío cruel Que es peor que el odio -punto muerto de las almas-Tumba horrenda de mi amor, Maldijo para siempre y me robó…Toda ilusión.

Un día le pregunté a Guido Iribarren, poeta de las diagonales, cuántos tangos había y si tuviese que elegir uno, cuál sería?. Me contestó que había aproximadamente 10.000 tangos y que de elegir se quedaba, con el siguiente que por esos presagios de la vida, él terminó muriendo así, de la forma como se expresa el tango. Recordemos que Guido muere en su pieza, solo y atrapado por las llamas: Esta noche para siempre, terminaron mis hazañas, Un chamuyo misterioso me acorrala el corazón, Alguien chaira en los rincones al rigor de la guadaña, Y anda un “algo” cerca ´el catre, olfateándome el cajón…Los recuerdos más fuleros me destrozan la zabeca, Una infancia sin juguetes, un pasado sin honor, El dolor de unas cadenas que aún me queman las muñecas Y una mina que arrodilla mis arrestos de varón. Yo quiero morir conmigo, Sin confesión y sin Dios, Crucificao en mis penas, Como abrazao a un rencor. Nada le debo a la vida, Nada le debo al amor, Aquella me dio amarguras Y el amor una traición. Yo no quiero la comedia de las lágrimas sinceras, Ni palabras de consuelo, ni ando en busca de un perdón, No pretendo sacramentos ni palabras funebreras, Me le “entrego” mansamente, como me entregué al botón.

Y resulta que al final, todos volvemos a la panza de la vieja. Después que nuestra mirada gastada se quedó con los ojos sin destellos. Cuando hicimos todos los esfuerzos para mejorar al mundo y resulta que el mundo nos cambió a nosotros. Alzamos el alma y le terminamos pidiendo a la vieja que venga porque como dice el proverbio ruso: el primer paso es difícil, el último es el más difícil. Sólo a usted, mama lejana, si volviese le daría El derecho de encenderle cuatro velas a mi adiós, De volcar todo su pecho sobre mi hereje agonía, De llorar sobre mis manos y pedirme el corazón…

Desde nuestro diario y con total afecto, en recuerdo de Guido Iribarren, quien vivió y murió, como solo saben hacerlo los poetas.