El marketing de la diversidad y el empoderamiento de las mujeres

Desde hace un par de años hasta la actualidad, en la industria publicitaria se viene articulando una nueva forma de comunicar alrededor del concepto de diversidad y en particular, acerca del empoderamiento de las mujeres. Esto se puede enmarcar en el proceso de humanización de las marcas, donde ya no sólo se busca vender, sino que además se busca conquistar a las audiencias a través de mensajes que les resulten relevantes.

En ese sentido, las marcas se replantean su estrategia integral redefiniendo sus valores, sus modos de hacer y decir, su propósito, sus ideas y posición en relación a las temáticas que afectan a la sociedad de la que forman parte.

En esa búsqueda, algunas marcas encuentran formas de aportar una visión sobre las problemáticas de la agenda de forma transparente y sincera. Y a otras se le ven los hilos de que este discurso les queda forzado y oportunista. Como compartimos con colegas de la industria de la comunicación, especialmente en la agrupación de la que soy parte, Mujeres en Publicidad (MEP), no creemos que sea un acierto llevar adelante campañas sobre diversidad y feminismo sólo porque “está de moda”, sino que es fundamental hacerlo desde la convicción estratégica de la compañía. De otro modo, tarde o temprano se nota y la inconsistencia de la marca resulta evidente.

Lo que sucedió en los últimos días con la campaña de Brahma Lime nos dio una nueva oportunidad para reflexionar sobre la forma en la que la publicidad está abordando los temas de género y el impacto que tiene nuestra práctica profesional sobre la reproducción de estereotipos y desigualdades.

Es hora de repensar nuestra formación como profesionales de la comunicación y nuestra capacidad (y necesidad) de reinventarnos. Personalmente creo que esto es muy importante porque no se puede pensar en la responsabilidad sólo a la hora de hacer publicidad, sino que hay que considerar a las marcas como actores sociales que definitivamente construyen la realidad. Esa realidad que como individuos captamos a partir de lo que consumimos, lo que vemos, oímos y vivimos.

Claro, a esta altura, dirán que es obvio lo que planteo. Sin embargo, a muchos gestores de marcas se les/nos pasa de vista…¿por qué será? La respuesta es simple, estamos insertos en el mismo ecosistema donde nos relacionamos con determinado tipo de personas y compartimos determinados tipos de ideas, pensamientos, miradas sobre el mundo. Estamos sesgados.

Y ese es el peor punto de partida: emitir mensajes desde la ignorancia de lo que no estamos viendo, desde los sesgos. Por eso, dejo abierta la invitación a ponerse en jaque y volverse más escépticos en relación a nuestra mirada sobre el mundo. Repensar, deconstruir y rehacer cuantas veces sea necesario.

Además, recomiendo consultar a especialistas en estas temáticas que nos asesoren a la hora de articular los mensajes para hacerlo de forma correcta, nos ayuden a dimensionar el impacto social que tiene cada mensaje que producimos y de esta manera nos evite una crisis reputacional que pueda golpear fuerte a las marcas que gestionamos.

Por Jorgelina Imfield-Lic. en Comunicación, especialista en marcas. Participante de MEP, Mujeres en Publicidad.