¿Por qué Eduardo Bolsonaro necesita compararse con el hijo de Alberto?

No debería ser difícil elegir, si esa era la idea. Eduardo Bolsonaro publicó las fotos como si se tratara de un desafío, buscando la aprobación de los fans de papá, que le dicen a todo que sí. A la izquierda, la versión crossplay de Estanislao, el hijo de Alberto Fernández. Rubia, con raíces rojo sangre, pestañas intensas, labios oscuros, silueta de modelo y un disfraz amarillísimo de Pikachu que usó para una feria de cómics. A la derecha (muy), el hijo “cero tres” del presidente brasileño, con cara de quien no tiene sexo hace meses, la cabeza quedándose pelada, muchas armas alrededor, una ametralladora en las manos y una remera negra en la que aparece, en primer plano, un perro cagando. Dudu creía que, con esa comparación, se elogiaba a sí mismo.

El tema del desafío, como de costumbre, era la masculinidad. La descendencia del presidente brasileño está formada por “cero uno”, Flávio, senador y socio de los milicianos de Rio das Pedras; “cero dos”, Carlos, concejal y jefe de la división de fake news de la empresa familiar; “cero tres”, Eduardo, diputado, amante de las armas (le gusta exhibirlas todo el tiempo) y exfuturo embajador en Estados Unidos, y Jair Renan, que aún no tiene número porque es muy joven para la política, pero ya estuvo de novio con la hija de Ronnie Lessa, el asesino de Marielle Franco. A la única hija del presidente, Laura, casi nadie la ubica. “Tengo cinco hijos. Cuatro fueron hombres, y en el quinto estaba medio flojo y me salió una mujer”, fue todo lo que dijo sobre ella en público. La masculinidad y la heterosexualidad son las obsesiones de Jair y sus tres hijos políticos, sobretodo Eduardo y Carlos, que precisan demostrarlas todo el tiempo.

Eduardo, además, está sensible desde que lo dejó su novia. La periodista Patricia Lélis denunció que la amenazaba, publicó los mensajes y, como si fuera poco, se fue con un médico cubano. Papá presidente forzó la salida del país de todos esos comunistas con delantal, pero Dudu aún no se recupera. “Ahora comienzo a ‘entender’ la importancia de la figura masculina en la vida de una mujer, cuando mi exnovia, que ya se declara feminista, es vista en una disco LGBT con un médico cubano y ropas vulgares”, escribió en Facebook, en plena fase de la rabia, antes de llegar a la depresión y no afeitarse más. Patricia respondió por Twitter que lo había dejado porque ella merecía algo mejor y lo llamó “idiota, con la mentalidad de un niño y micropene”. Además del detalle sobre el tamaño, reveló que Eduardo padece de eyaculación precoz.

Decía Umberto Eco que una de las características típicas del fascismo (Bolsonaro las cumple casi todas) es la transferencia de la voluntad de poder para cuestiones sexuales: de ahí el machismo, el desdén por las mujeres y la intolerancia contra la homosexualidad. Agregaba que, como el sexo es un juego difícil de jugar para los fascistas, juegan con las armas, que son su substituto fálico: sus juegos de guerra se deben a una invidia penis permanente. Recapitulemos lo que sabemos sobre Eduardo: homofobia, violencia de género, desprecio al feminismo, obsesión por las armas, eyaculación precoz y micropene. No lo digo yo, sino su exnovia.

Insisto: no debería ser difícil elegir, si esa era la idea. Estanislao, que, a diferencia de Eduardo, cultiva el perfil bajo y no se dedica a la política, notó días atrás que lo empezaban a seguir muchos brasileños, luego de que el hijo de Bolsonaro lo mencionara, y le envió un mensaje a la comunidad LGBT del país vecino: “Estamos juntos en esta lucha. Recuerden que el amor vence al odio y entre nosotres nos tenemos que cuidar siempre”. A mí no me cabe duda de a quién elegiría para tomar una cerveza y conversar sobre la vida, y, por supuesto, al padre de cuál de ellos prefiero que represente a mi país. Si no fueras una basura, Eduardo, me darías pena.