Los temores que desnuda el Gobierno

Daría la impresión que la incorporación de Miguel Pichetto como compañero de fórmula de Mauricio Macri colocó al Gobierno en un clímax. Esa audacia política pudo haberlo embelesado. Desde entonces surgieron señales contradictorias e inconvenientes en la coalición oficial frente al proceso electoral.

Podrían mencionarse tres cuestiones. El cierre de las listas legislativas, con un nivel de apertura mucho menor de lo que representó el desembarco del senador peronista. La maniobra para entorpecer la presentación de la candidatura de José Luis Espert. Jamás este economista imaginó encontrarse como eje de una polémica en el teatro electoral. No disimula que le encanta tal papel. El otro aspecto tendría que ver con el globo de ensayo lanzado por el titular de la UCR, Alfredo Cornejo, para que las PASO sean suspendidas en los distritos donde no hay competencia. En 17 provincias las habrá a nivel legislativo. Una paupérrima expresión de lo que Néstor y Cristina Kirchner dijeron ofertar, en 2009, en nombre de la renovación de los partidos.

Los forcejeos con Espert y la idea de barrer las PASO podrían converger en una misma conclusión. El Gobierno advierte en el economista una amenaza. Tal vez, sobrevalorada por el mismo. También en sectores del oficialismo se agita, en exceso, la bandera que, según surjan los resultados de las PASO, el Gobierno y el país podrían verse envueltos en peligrosas turbulencias. Nunca puede soslayarse un detalle: en la oposición está el kirchnerismo, que fomentó el club del helicóptero durante los tres primeros años de Macri.

La cuestión de las PASO estaría trasuntando, otra vez, cierta disfunción de Cambiemos, o como quiera llamarse ahora ante el turno electoral. La propuesta fue lanzada por el titular del principal partido de la alianza oficial. Sin que supieran nada el Presidente ni su jefe de Gabinete, Marcos Peña. Tanto, que el decreto de convocatoria de aquellas primeras ya ha sido promulgado con la firma del ingeniero. Tampoco sabía nada Elisa Carrió, líder de la Coalición Cívica. Desde la Casa Rosada llamaron al titular del PRO, Humberto Schiavoni, en busca de alguna pista. El senador no pudo darla.

No es la primera vez que Cornejo hace punta con propuestas que sorprenden al Gobierno. Sucedió, por ejemplo, con la necesidad de frenar o morigerar el aumento de tarifas. En ese caso tuvo el respaldo partidario. También, incluso, de la propia Carrió. Ahora habló casi en soledad. Sencillamente porque su proyecto sería impracticable y, a esta altura, políticamente pernicioso para el Gobierno.

La inviabilidad está dada por el proceso electoral en marcha. Con estipulaciones de calendario (cierre de alianzas y de postulantes) que fueron cumplidas. Amén del decreto de Macri.La revocación debería realizarse mediante una ley del Congreso con mayorías especiales que Cambiemos no asoma en aptitud de reunir. Entre varias razones, porque el peronismo está en contra. Pensar, por otra parte, en una reunión parlamentaria de urgencia superaría las barreras de cualquier utopía. Durante este año se realizaron en el Palacio Legislativo apenas tres sesiones. La campaña consume el tiempo de diputados y senadores.

No podría obviarse, además, el contexto. Una jugada de aquel tipo –su sola enunciación—pareciera divorciada con la realidad. Con el mínimo sentido de la oportunidad. Si hacía falta un pinchazo al globo de ensayo, se ocupó Pichetto: “Las reglas están para cumplirse”, declaró.

Pichetto está en sintonía con el discurso macrista. No le encuentra sentido -no lo tiene- a las PASO si no existe competencia. Ninguna de las fórmulas presidenciales se someterá a ella. Pero nunca una discusión de este tenor debe abrirse en medio de un proceso electoral. Tal vez resultaría sensato hacerlo, por lo menos, un año antes. A diferencia de Macri, de Peña y del ministro Rogelio Frigerio, el senador peronista no hace hincapié en la faceta del derroche. Tampoco ese argumento sirvió al Gobierno para acicatear en su momento el debate. La reforma electoral quedó finalmente en el camino.

Pichetto no apareció distanciado, en ese tema, de Peña. En todo caso las brechas fueron por otras razones. No sólo, si se mira bien, con el jefe de Gabinete. La incorporación del senador del PJ no desató aún la onda expansiva interna que se esperaba. Macri y su círculo resolvieron apostar mucho más a la figura del senador que a una apertura amplia de la alianza. Los radicales se sintieron confortados ante la imposibilidad de una alternativa mejor. Carrió también. Pero el armado general de las listas exhibió el mismo y viejo concepto macrista de abrirle la puerta a propios y fieles. A los disidentes (Emilio Monzó, Rogelio Frigerio) se les buscará un destino si es que Macri perdura en el poder.

Aquella lógica se impuso de tal modo, que un solo distrito contrastó. Horacio Rodríguez Larreta hizo en la Ciudad un arreglo discordante con el resto. Sumó a Martín Lousteau como candidato a senador. También a socialistas y radicales. Incorporó como senador suplente a Mario Quintana para contentar a Peña y Carrió. Colocó debajo del ex ministro de Economía a Guadalupe Tagliaferri, una militante a favor de la despenalización del aborto. Actual ministra de Desarrollo y Hábitat.

Esos gestos se contrapusieron con otros de Macri y María Eugenia Vidal. El Presidente se mostró, por ejemplo, con Amalia Granata, la panelista y modelo que se consagró diputada en Santa Fe con una campaña excluyente en defensa de la vida. Su partido, UNITE, fue ahora utilizado por Espert para intentar convalidar ante la Justicia su candidatura. Bajo la lupa después que Pichetto arrebató a Alberto Assef, de UNIR, al economista y lo arrimó a Cambiemos. Granata aclaró que no tiene nada que ver con Espert, a favor de la despenalización del aborto. Todo muy difícil de comprender. La gobernadora de Buenos Aires hizo lo suyo. Dejó sin renovación nacional a Daniel Lipovetzky. El diputado fue gran articulador del debate sobre el aborto. Deberá conformarse con una representación a nivel bonaerense, por la séptima sección electoral.

Quizás haya estado detrás de esa postergación la mano de Macri. Y en la decisión, la cuestión del aborto haya resultado marginal. El mayor gesto de apertura de Vidal fue la nominación, en segundo lugar de la lista a diputados, de María Luján Rey. La madre de Lucas Menghini. Una de las víctimas de la tragedia ferroviaria de Once. Por la cual está preso y condenado el ex ministro Julio De Vido.

Después, la gobernadora se ciñó mucho a los dirigentes de su confianza y a los intendentes propios del conurbano. No se ensayó igual receta en el interior de la provincia con los jefes comunales, muchos de los cuales quedaron disconformes con los cierres. “El kirchnerismo, al final, fue más generoso”, explotó uno de los dirigentes de una conocida localidad de campo.

Vidal también pasó por un filtro las sugerencias de Pichetto. El senador acercó propuestas de hombres que han fatigado la larga historia del duhaldismo provincial. El macrismo suele tener una inclinación casi refleja por lo nuevo. De allí que el senador y ahora hombre fuerte del oficialismo recibió una módica compensación: la nominación de Claudia Rucci –la hija del asesinado sindicalista José Ignacio Rucci- para una banca en la Legislatura provincial. Pichetto promete estar, de todos modos, en la primera línea de la campaña en Buenos Aires.

Fuente: Clarín