Violencia de género en la comunidad gitana: rescataron a una joven de 16 años que iba a ser obligada a casarse

Una mujer de la comunidad gitana se presentó en la Comisaría Comunal Nº2 de la Policía de la Ciudad sobre la avenida Las Heras para denunciar que su hija había desaparecido. La había visto por última vez mientras vendían golosinas en la calle Florida, cuando su hija le dijo que iba al baño en las Galerías Pacífico y nunca volvió.

Poco antes de que su hija desapareciera, explicó la mujer, había estado hablando con un primo suyo, de apellido Miguel, oriundo de Trelew, Chubut, que estaba en la ciudad, con un hijo internado en el hospital Gutiérrez y se hospedaba con su mujer en un hotel cercano. Tiempo después, la madre de la menor recibió un llamado de un sobrino. Decía que Miguel lo había contactado y le había dicho: “Avisale a tu tía que yo tengo a la nena, yo me la llevé”. Luego, cortó la comunicación.

Ayer por la tarde, la joven de 16 fue encontrada por la Policía de la Ciudad en una casa de la calle Maza en Lomas del Mirador. La mujer de “Miguel” estaba con ella. Pero “Miguel”, o Raúl Renzo Miguel, 33 años de edad, no. Ya se había ido para convertirse en un hombre buscado por la Justicia, con una causa en su contra instruida por el Juzgado Nº14 de Ricardo Farías. El delito: privación ilegítima de la libertad de una menor.

El motivo del supuesto secuestro, según aseguraron fuentes del caso: Miguel tiene un hijo de 18 años, su idea era casarlo con la menor por la fuerza.

Los investigadores empezaron la búsqueda de Miguel por los hoteles de pasajeros cerca del hospital Gutiérrez. Así, llegaron hasta el hotel Atisor en la calle Soler. Los registros mostraron a Miguel hospedado en la habitación 11, aunque ya no estaba ahí.

Lo cierto es que nunca vivió en el hotel, directamente. Testigos en el hospital señalaron que el hombre dormía en una casa rodante que quedó abandonada en la zona. El titular de la patente era, precisamente, un hombre de 33 años, también gitano, cuya dirección fiscal es la casa de la calle Maza.

La menor fue puesta a resguardo en una comisaría porteña, con intervención del Consejo de Niñas, Niños y Adolescentes de la ciudad. También hay, por otra parte, una hipótesis en el caso que es inquietante: la menor secuestrada y el hijo de Miguel tendrían una relación previa, pero la madre se habría arrepentido de la boda. La dote pagada, que reducía a la menor a una mercancía, no habría sido suficiente.

No es la primera vez en tiempos recientes que las vidas de mujeres menores de edad son traducidas a dinero en la comunidad gitana argentina. Ramón Singer, “El Rey”, un empresario de Coronel Suárez dedicado al negocio de  la compra y venta de autos, murió meses atrás en un penal bonaerense acusado de comprar a dos hermanas que no pertenecían a la comunidad y de pagar por una de ellas 50 mil pesos y dos camionetas, un caso investigado por el fiscal Horacio Azzolín.

La historia más cruel dentro de la comunidad pertenece a Mar del Plata: es la de C., de apenas 21 años, primero vendida a un marido, luego a otro. El segundo terminó preso, acusado de intentar vender a la hija bebé de C. por 55 mil dólares en diciembre de 2017. Ella decidió denunciarlo. Su familia la repudió.

El segundo procesamiento del juez Santiago Inchausti a la pareja de C. habló de  la “idionsincrasia de la comunidad zíngara en la que se encuentra inmersa”.

Comments

comments